Últimamente, todas las entradas que voy subiendo a este blog están minuciosamente estudiadas para que su posicionamiento sea el correcto y cuando alguien busque en Google aquello de lo que hablo, se tope con mi página inevitablemente.

Me gusta mucho escribir, y me gusta dedicarle tiempo a lo que os comentaba en el párrafo anterior, pero a veces hace falta dejarse llevar por el teclado, sin mirar más allá.

Llevo 5 años en esto. 5 años escribiendo una entrada tras otra, y acompañando este blog de redes sociales. Es algo que me apasiona, y que empecé a hacer un día después de mi cumpleaños, allá por 2013. Evidentemente, aquellas entradas y fotografías no tienen nada que ver con las de ahora. Y espero que las de ahora no tengan nada que ver con las del día de mañana. Seguir mejorando para vosotros y para mi es algo en lo que me centro constantemente.

Si os parece, os voy a contar un poquito más sobre mí. Sobre mi situación, ya que creo que muchos se pueden ver en el mismo punto que me vi yo hace años… O en el que me encuentro ahora mismo.

Estudié la carrera de Derecho. Sí, al habla una Licenciada en Derecho y con un Máster en Mediación y Arbitraje. Se dice pronto, pero mis más de 6 años de estudio me costó. A la vez que estudiaba, trabajaba como monitora en un colegio. Era algo que, a priori, no quitaba muchas horas y me ayudaba a ir manteniendo mis caprichos mientras me sacaba la carrera. Había horas de clase a las que no podía asistir, y ahí iba más perdida que un burro en un garaje, pero al final conseguí licenciarme con cierta facilidad. Lo gracioso fue que me arrepentí de empezar la carrera durante el primer año. Pero por no decepcionar a nadie, ahí continué, a ver si conseguía enamorarme de alguna materia. Pero no. Cada hora, cada día, cada semana,… Cada vez se me hacía más cuesta arriba.

estudios

En ese momento, lo sabio habría sido dejar la carrera e intentar enfocarme en otra cosa. Pero no lo hice. Y acabé tirando unos valiosos años por la borda. Pero claro, la Jen que intenta contentar a todo el mundo por encima de cualquier cosa volvió a aparecer. Y me dije “Ya que has estudiado Derecho, ponte a hacer algo que tenga que ver y a ver si así encuentras tu camino”. Y empecé el Máster. La Mediación era lo que menos tenía que ver con el Derecho puro y duro, aun perteneciendo a la materia legal. Así que podía irme bien. Pero no, me encontré con lo se puede encontrar uno casi siempre en esta vida: la búsqueda incansable del enchufismo, malos modos, malas maneras y malas artes. Curiosamente, mi TFM fue de los mejor valorados, y eso que el día que hice la exposición iba en vaqueros, camiseta, con ojeras y estaba muy muy triste por la muerte reciente de una amiga. Y todo esto frente a los impecables atuendos (incluso trajes) del resto de los asistentes a la exposición. Por suerte, estos detalles no se valoraron, y acabé como os digo con una de las mejores notas. Sin embargo, yo solo quería acabar y salir de allí.

¿Por qué? Pues porque yo no sé ir a los despachos a enseñar mi cara bonita. Yo no sé buscar el protagonismo cueste lo que cueste. Yo no sé criticar ni ser cruel con otras personas. Ni sé vestirme de punta en blanco aunque por dentro sea como un mendigo. No pertenezco a ese mundo, y me di cuenta en ese momento.

También es verdad que ese día era el entierro de la amiga que os comentaba, y no pude ir por estar exponiendo. Y me di cuenta de que ella se había pasado la vida estudiando, sin disfrutar, para que una enfermedad se la llevara en un abrir y cerrar de ojos.

Comprendí que estaba desperdiciando mi vida buscando algo con lo que ganármela. Escribir, comunicar, las redes sociales, grabar videos,… eso es lo que me apasiona y me apasionará siempre. Es lo único que no me asquea o me espanta. Es en lo que más tiempo llevo y no tengo ninguna intención de abandonar. El problema viene con que las personas que deberían apoyarme y decirme que luche por ello tienen unas ideas muy diferentes a las mías… Bueno, os sigo contando.

La cuestión es que decidí dejar de intentar enfocar mi vida a través de mi carrera. Me decidí por seguir trabajando de monitora, que me daría un ingreso fijo cada mes, con mi correspondiente cotización, y en todo el tiempo libre que tenía, mejorar en el tema del blog, el canal, las redes,… Y aquí empezó el acoso y derribo constante por parte de mi familia. Sí, mis propios padres, con mi madre a la cabeza, me sometían a un bombardeo continuo diciéndome que no iba a llegar a nada, que tenía que buscar un trabajo de 8 horas y en mi tiempo libre dedicarme a estas “tonterías”. Que las porquerías que me compraba para probarlas y hacerles fotos eran inútiles. Que todo era un malgasto de dinero y tiempo constante… Una y otra vez, una y otra vez… Al final, como es normal, caí en una depresión enorme. Por mucho que lloraba, que mostraba que estaba dolida, que veían que lo estaba pasando fatal, ellos continuaban en las mismas.

Tenía decidido irme de casa. Estaba ya todo pensado. Seguramente me moriría de hambre, pero no aguantaba más. O salía de allí o me tiraba por la ventana desesperada.

salida

En ese momento encontré mi trabajo actual. Redes sociales, blogs, publicidad y marketing a nivel online… Y a 15 minutos andando de mi casa. ¿Problema? La empresa es pequeña, y el sueldo no es el que me gustaría. Pero me deja tiempo libre para aplicar todo lo que aprendo en el trabajo a mis redes, mi página y mi canal. Digamos que es un Master pagado. Dejé mi trabajo como monitora y actualmente estoy trabajando aquí.

¿Problema v.2? El mismo de antes. Que necesito un trabajo de 8 horas y dejarme de tonterías. Que no voy a conseguir nada de provecho. Que cuando ellos no estén voy a acabar debajo de un puente,… Constantemente vuelta a la misma historia.

No comprenden que a esto hay que dedicarle tiempo, horas y horas, sin que reporte ningún beneficio económico. Y si lo haces bien, luchas, te esfuerzas, y sigues adelante sin rendirte, es posible que un futuro no muy lejano puedas vivir de ello. De hecho, no es que quiera vivir exclusivamente de mis redes sociales o mi blog (ojalá). Soy consciente de que eso es muy complicado. Pero sí que me gustaría ser lo que soy ahora en la Agencia pero especializada en belleza. Llevar mi propia cartera de clientes y ser mi propia jefa. Ese es mi sueño. Y para ello lucho, estudio y me formo cada día. Y aquí viene otro problema… Ser autónoma. Evidentemente, la situación actual del país en cuanto a este tema no es la más adecuada. Pero puede irte muy bien si haces las cosas adecuadamente. Pero no, mis progenitores tampoco aprueban esta idea. Cuando ellos han sido autónomos más tiempo que han trabajado por cuenta ajena. “Precisamente por eso”, me dicen… Si sus padres les hubieran machacado como me machacan ellos a mi, dudo que hubiesen tenido ninguno de los dos negocio propio. Y según mi madre se sacaban un sueldo muy bueno cada mes. Y era feliz. Pero no, yo no puedo optar a tal cosa. Yo tengo que buscar un trabajo de 8 horas, a ser posible físico y que conlleve sudor, dolores y mal humor. Ya que si no tengo eso, soy una fracasada.

Y llega un punto que vuelves a explotar. Que te vuelves a hundir. Y que te pierdes. Te pierdes mucho. Llevas una idea en tu cabeza y te la desmontan, te la hacen mil pedacitos y solo te queda seguir comiéndote la cabeza… “Y ahora… ¿Qué hago?”, te repites constantemente.

Evidentemente, no soy quién para dar ningún consejo a nadie, porque ya véis que yo misma estoy hecha un lío. Pero sí que hay una cosa que cambiaría si pudiera. Y que seguramente habría marcado mi camino de una forma totalmente diferente.

Cuando acabé bachillerato, yo quería estudiar Filología Hispánica. Me apasionaba la lengua castellana. La literatura, la sintaxis,… Todo. Y cuando acabase la carrera, quería ser profesora de Lengua. Lo tenía todo enfocado. Y en aquel momento era mi vocación total y absoluta. Pero, claro, a mi madre no le parecía una carrera útil. Le parecía que no tenía futuro. Y me dijo textualmente “Si estudias eso no te voy a pagar absolutamente nada”. Y claro, en ese momento aún no trabajaba. O hacía lo que ella quería o no podía estudiar. Así que me decidí por la carrera a la que ella dió el visto bueno. Y ahí empecé a perderme.

estudios

Si en ese momento la Jen del futuro me hubiese dicho “Eh, que te van a dar beca durante toda la carrera. Y luego vas a tener trabajo. No necesitas su dinero”, seguramente me habría matriculado en lo que yo quería. Pero no, no era conocedora de nada de lo que me iba a pasar, como es lógico, así que tiré por la opción que menos mala me parecía. Y fue lo peor que pude hacer en la vida.

Quién sabe. Tal vez si hubiese empezado donde yo quería, habría terminado como profesora, con un sueldo digno todos los meses, podría haberlo compaginado perfectamente con el mundo de la belleza, y todo me habría ido relativamente bien. O tal vez no, pero el hecho de dejarlo de lado y hacer caso a terceros dejó atrás aquellas posibilidades.

Elegí la carrera con “futuro”, que para mi nunca lo tuvo, y he ido dando tumbos constantes desde ese día. Y todo por una malísima decisión.

Y ojo, está claro que mis padres buscan lo mejor para mi. Quieren que tenga un buen sueldo para poder vivir dignamente. Y me han dado una muy buena educación, pagando todo aquello en lo que no he tenido beca. Nunca me ha faltado de nada… Bueno, sí, una cosa: comprensión. Y si me pongo en su lugar, entiendo perfectamente como se sienten. Entiendo que solo ven una bala perdida, y entiendo que para ellos soy un saco de patatas inútil y sin provecho. Pero claro, el ser padre no te da el conocimiento absoluto de la verdad. Con el carnet de padre no te dan la garantía de no equivocarte nunca.

La clave está en las generaciones que nos separan. En que el concepto de trabajo de antaño no tiene nada que ver con el actual. En el desconocimiento, tanto por su parte como por la mía….

Y ahora… ¿Qué hago? Pues haz todo lo que esté en tu mano por estudiar, por formarte, por adquirir todo el conocimiento posible. Pero eso sí, de aquello que te guste, que te apasione y en lo que crees que destacas. Estudiar es indispensable, pero saber elegir lo que estudias también. Y nunca, jamás, dejes que decidan por ti. Es tu vida, es tu futuro y va a ser tu despertador el que suene por las mañanas. Siempre que esté en tu mano, intenta que suene por aquello que te gusta. Y no por aquello que te dijeron que era lo mejor.

Soy consciente de que no siempre se tiene elección. Mi yo del pasado pensaba que no la tenía. Que era eso o nada. Pero se equivocaba.

Así que, en una situación como la actual, estudia lo que te guste, lo que te apasione. Te vas a tener que enfrentar a libros y apuntes interminables sobre eso. Te vas a tener que enfrentar a unas prácticas. Y más vale que lo hagas con alegría y con la idea de que el día de mañana serás tú el que ofrezca la posibilidad de hacer prácticas o el que enseñe a otros el oficio que te gusta. Y no dejes que te digan que no vales, o que eso no tiene futuro. Porque creeme, hoy en día todo tiene las mismas salidas.

Haz que tu vida dependa de ti, y no dejes que otros la lleven hacia donde ellos consideran que es mejor. Y sí, puede ser que fracases, pero nunca tendrás la espinita de no haberlo intentado por lo menos.

 

Un abrazo enorme,

Jenifer Perujo
Blogger/Community Manager
      

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